Mar del Plata en cuatro patas: Nicolás, su trabajo y el amor por las mascotas
18 enero, 2026Por la histórica avenida Colón, en pleno corazón de Mar del Plata, avanza una escena que no pasa desapercibida: un grupo de perros caminan en perfecta armonía, atentos a cada paso. Al frente va Nicolás, cuidador canino, amante declarado de los animales y creador de El Jardín de César (Instagram) un proyecto que hace siete años le cambió la vida… y también la rutina a decenas de mascotas de departamento.
“América, soltá eso”, dice con ternura mientras charla con MiradaCentral. América es su perra y su compañera inseparable. No solo obedece: es su termómetro. Nicolás la lleva a las entrevistas previas con las familias que buscan su servicio. “Ella me marca si hay química, si el vínculo puede funcionar”, cuenta. Entre ambos hay algo más que adiestramiento: hay amor incondicional.
Oriundo de Tres Arroyos, Nicolás eligió Mar del Plata como su lugar en el mundo. Allí encontró calles, plazas y veredas para convertir el paseo diario en una experiencia de socialización, cuidado y afecto. “Son todos perros de departamento”, explica mientras el grupo se detiene en una esquina. El semáforo está en rojo y, como si entendieran el ritual urbano, todos frenan. Nadie se impacienta.
La espera no es en silencio: la manada reparte cariño. Personas curiosas se acercan turistas, marplatenses, vecinos de paso y los perros responden con colas en movimiento y miradas cómplices. Mora, una de las pasajeras del paseo, se tira al piso sin dudarlo para que unas señoras le rasquen la pancita; segundos después, se levanta y les regala un abrazo saltado que arranca risas.
Nicolás observa y sonríe. Sabe que su trabajo no es solo pasear perros: es construir confianza, educar en la calle, generar encuentros. “Antes de aceptar un servicio, hablo con la familia, conozco al perro y veo si encaja con el grupo”, explica. La manada es diversa, pero el respeto es la regla.
El semáforo cambia a verde y el paseo continúa. Colón vuelve a moverse, y El Jardín de César sigue su marcha, dejando una estela de calma, orden y cariño. En una ciudad que late fuerte, Nicolás y sus perros recuerdan que también hay tiempo para caminar juntos.







