Una tradición que atraviesa generaciones: la Pascua eterna de los Finochietto

Una tradición que atraviesa generaciones: la Pascua eterna de los Finochietto

5 abril, 2026 Desactivado Por Mirada Central

En el corazón del partido de Pila, donde el campo bonaerense se vuelve paisaje y memoria, hay una tradición que late desde hace más de un siglo. Es la de la familia Finochietto, una de esas historias que parecen sacadas de un libro antiguo, pero que se reescriben cada Sábado de Gloria cuando, sin importar las distancias ni el paso del tiempo, casi ochenta integrantes vuelven a encontrarse para celebrar la Pascua.

En el centro de la imagen se encuentran José Finochietto y María Gertrudis Arabehere, padres de doce hijos. A su alrededor, ya pueden verse también algunos de sus nietos, reflejando el crecimiento de esta gran familia.

Si bien Pila es la cuna sentimental de la familia y el origen de tantas generaciones, la celebración nunca tuvo un punto fijo. A lo largo de los años, el encuentro fue mudando de sede: campos de un primo, de un tío, siempre cambiaba. La posta siempre cambió de manos, como si la propia tradición se encargara de recorrer el territorio familiar.

Según reconstruyó este medio a partir de testimonios de los propios Finochietto, la celebración supera con el siglo de existencia. El dato surge al recordar a Don Garte, uno de los doce hermanos, quien falleció a los 94 años en 1999. La reunión de Semana Santa cuentan los mayores ya se realizaba hace mucho tiempo, lo que permitiría deducir que la tradición tiene más de cien años de historia, transmitida de generación en generación.

Gran parte de esta historia comenzó en “La Carolina”, la estancia que dio identidad a generaciones enteras, y con la llegada desde Italia del primer integrante: Santiago Finochietto, quien se convertiría en uno de los ganaderos fuertes de la región. Seguramente jamás imaginó que, más de cien años después, sus descendientes conservarían un ritual capaz de reunirlos más allá de domicilios, compromisos y kilómetros. Porque ya no todos viven cerca: algunos parten desde distintas ciudades, nadie quiere perderse ese abrazo colectivo que cada año se renueva.

La rama familiar se expandió a partir de José Finochietto y María Gertrudis Arabehere, padres de doce hijos. Desde allí crecieron nuevos hogares, apellidos, historias… y hoy cada Pascua se arma el gran rompecabezas familiar. Es habitual que alguien pregunte entre risas: “¿Vos de quién sos hijo?” “¿Primo de quién?” “¿Nieto de quién?” Mientras tanto, los memoriosos repasan anécdotas que ya forman parte del folclore familiar.

Necrológicas de la época: Plegaria dedicada a José Finochietto, publicada el 5 de agosto de 1946.

Y si algo caracteriza a esta tradición es que cada Sábado de Gloria alguien o varios se ponen la fiesta al hombro. Antes, en épocas más camineras, muchos recuerdan cómo se preparaba la carne con varios días de anticipación, cómo llegaban las camionetas cargadas de tablones para armar las mesas largas del mediodía, y cómo algunos primos se reunían desde el amanecer para cebar mate, prender el fuego y esperar al resto de la familia. Los nombres se repiten en los relatos: el campo de Mima, de Chicha, de Olga, de Daniel, de Pochi y tantos otros primos que siempre estuvieron al pie del cañón para que la celebración nunca perdiera su esencia. Sería imposible mencionarlos a todos, pero cada uno dejó su huella en esta historia centenaria.

No hay reunión sin dos clásicos infaltables:
Recordar a los que ya no están y rezar un Padre Nuestro, que en esta familia profundamente católica funciona como puente entre el pasado y el presente. Es el momento más emotivo, cuando la nostalgia asoma y los nombres de abuelos y tíos fallecidos vuelven a ocupar su lugar alrededor de la mesa.

A la hora de reconstruir la historia, el árbol genealógico aparece sí o sí. Es un documento vivo que cada año se estira un poco más, sumando ramas, nacimientos y anécdotas que siguen definiendo a la familia.

Con el tiempo también se coló la música. Primero fueron guitarras, karaokes, hasta se recordó aquella tarde en el campo de Delia “Pochi” Finochietto y Carlos Zinno, cuando los reconocidos Etchemendy hicieron bailar a todos en la galería del chalet. Una escena bien campera, de esas que quedan en la memoria colectiva.

“Los Finochietto, chacarereando en General Belgrano este último Sábado de Gloria, 4/4/26.”

Entre risas, abrazos, mates, reuniones que se prolongan más de lo previsto y un puñado de historias que se cuentan como si fuera la primera vez, la familia Finochietto sostiene una de las tradiciones más singulares de la región. Cada Sábado de Gloria es un viaje hacia las raíces, un homenaje silencioso a quienes abrieron el camino y una excusa perfecta para volver a encontrarse.

Porque en Pila o donde toque cada año la Pascua no es solo una fecha del calendario: es una herencia que se vive, se celebra y se agradece. Y mientras haya un Finochietto dispuesto a preguntar “¿vos de quién sos hijo?”, la historia seguirá escribiéndose.

Fuentes: imágenes e información basadas en testimonios de familiares y en datos del Museo Histórico de Pila Juan Manuel de Rosas

Comparti esta noticia en: