Dinápoli acorralado en redes: la batalla que desespera al oficialismo

Dinápoli acorralado en redes: la batalla que desespera al oficialismo

16 enero, 2026 Desactivado Por Mirada Central

En silencio primero y con preocupación después, el gobierno de Dinapoli asiste a una batalla que no logra controlar: la de las redes sociales. Lejos de los comunicados prolijos y los discursos ensayados, el termómetro digital muestra un malestar creciente de vecinos que, publicación tras publicación, exponen críticas a áreas clave de la gestión y cuestionan decisiones que impactan en la vida cotidiana.

El fenómeno no es menor. Comentarios, posteos y debates se multiplican y dejan al oficialismo a la defensiva. Lo que más inquieta a los “cráneos dinapolistas” no es solo el volumen de críticas, sino su persistencia y transversalidad: reclamos por servicios, prioridades de gestión y uso de los recursos públicos que ya no pueden ser ignorados ni maquillados con consignas.

En ese contexto aparece el último movimiento del intendente: un comunicado personal en el que anuncia la reducción de sus gastos de representación por primera vez después de diez años y el veto parcial a las modificaciones del presupuesto municipal. La decisión, lejos de leerse como un gesto aislado, se inscribe claramente en esta disputa comunicacional que el oficialismo viene perdiendo.

El mensaje intenta recuperar la iniciativa, pero también deja en evidencia la presión. Dinapoli sale de su zona de confort y responde directamente a un clima adverso que se cocina en las redes, el espacio donde hoy se construye y se destruye capital político con velocidad.

Como parte de esa estrategia, el intendente apela reiteradamente al término “populismo” para descalificar las propuestas de la oposición y justificar el veto. Sin embargo, grandes consultoras políticas ya advierten que se trata de un concepto cada vez más vacío, desconectado de las preocupaciones reales de la gente. En un escenario de crisis, explican, las etiquetas ideológicas pesan menos que las soluciones concretas.

La discusión, entonces, ya no pasa solo por el presupuesto o los gastos de representación. Lo que está en juego es algo más profundo: la capacidad del gobierno de leer el clima social, responder a los reclamos y ofrecer respuestas claras. Mientras tanto, en las redes, la sensación que se instala es que el oficialismo corre de atrás, atrapado en una batalla que no logra ganar y que empieza a marcar el pulso del escenario político local.

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