Un domingo por la tarde, la puerta del kiosco se transforma en punto de encuentro. En General Belgrano, como ocurre en tantos pueblos del interior bonaerense, chicos, adolescentes y hasta algunos adultos se juntan alrededor de una mesa con una sola misión: conseguir las figuritas que faltan para completar el álbum del Mundial.
Entre pilas de repetidas, paquetes recién abiertos y celulares con listas anotadas, se escucha la frase de siempre: “La tengo… esa me falta”. Las imágenes muestran el ritual de cada Mundial: intercambios rápidos, negociaciones y la emoción de encontrar justo la figurita difícil.
Aunque hoy también existen aplicaciones y grupos para organizar cambios, el momento más importante sigue siendo el encuentro cara a cara. Compartir, charlar y cambiar figuritas convierte una tarde cualquiera en una escena clásica de barrio, donde por un rato lo único que importa es llenar el álbum.